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Lidl rechaza coches eléctricos de empresa por depreciación

Lidl detiene compras de vehículos eléctricos de empresa en Alemania por rápida depreciación. Descubre por qué el grupo Schwarz prefiere combustión.

Lidl rechaza coches eléctricos de empresa por depreciación
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

El rechazo de Lidl a los vehículos eléctricos de empresa

Los coches eléctricos de empresa representan una oportunidad fiscal sin precedentes en Alemania, donde las autoridades han implementado incentivos fiscales significativos para su adquisición. Sin embargo, el grupo Schwarz, propietario de las cadenas Lidl y Kaufland, ha decidido frenar temporalmente sus compras de vehículos eléctricos de empresa, desafiando la lógica económica aparente y señalando un problema fundamental en el mercado actual.

Esta decisión ha sorprendido a analistas y expertos del sector, quienes consideraban que los incentivos fiscales harían que los coches eléctricos de empresa fueran irresistibles para las grandes corporaciones. El grupo Schwarz ha comunicado que esta medida responde a cambios en el marco regulatorio y la volatilidad del mercado automovilístico, pero la verdadera razón radica en la dramática depreciación que experimentan estos vehículos en el mercado de segunda mano.

Los incentivos fiscales alemanes y su funcionamiento

En Alemania, los coches de empresa disfrutan de un estatus especial en el sistema fiscal. Los llamados Dienstwagen representan el 67% de todas las matriculaciones de vehículos nuevos en el país, una cifra que revela la importancia de esta modalidad en la economía empresarial alemana. Cuando una empresa cede un vehículo para uso tanto profesional como privado, la administración tributaria lo trata como un beneficio salarial y calcula mensualmente un porcentaje sobre su precio de venta.

La estructura fiscal es clara: para los vehículos de combustión tradicional, el porcentaje tributario es del 1% del valor del vehículo, mientras que para los coches eléctricos de empresa se reduce drásticamente al 0,25%. Esta diferencia de cuatro a uno debería hacer que los vehículos eléctricos de empresa fueran mucho más atractivos desde una perspectiva fiscal. Sin embargo, Lidl ha identificado un problema que hace que estos beneficios se desmoronen: la pérdida de valor en el mercado de segunda mano.

El problema de la depreciación acelerada

La decisión de Lidl de abandonar temporalmente los coches eléctricos de empresa se fundamenta en un análisis económico pragmático: la depreciación de estos vehículos ocurre a una velocidad inusitadamente rápida. Según datos recientes, los vehículos eléctricos con tres años de antigüedad y aproximadamente 45.000 kilómetros recorridos pierden de media el 50% de su valor de compra original. Cuando estos vehículos alcanzan los cinco años de edad, esa pérdida puede escalar hasta el 59%, casi el doble de lo que experimenta un vehículo de combustión equivalente.

Este deterioro acelerado del valor de los coches eléctricos de empresa es especialmente problemático porque el grupo Schwarz, a diferencia de muchas grandes corporaciones, adopta un modelo de propiedad directa para su flota. Mientras que empresas como Deutsche Telekom o Volkswagen recurren al renting o leasing, que transfiere el riesgo de depreciación a las compañías financieras, Lidl compra los vehículos en propiedad y posteriormente los vende en el mercado de segunda mano. Con este modelo empresarial, la volatilidad en los precios de reventa impacta directamente en sus resultados financieros.

Volatilidad del mercado de segunda mano

El mercado de vehículos eléctricos usados en Alemania permanece muy estancado, con precios altamente volátiles y una demanda insuficiente que no absorbe la oferta disponible. Esta situación se ha agravado por la llegada de competidores chinos que ofrecen modelos eléctricos con precios muy agresivos, comprimiendo los márgenes de reventa y acelerando la depreciación de los vehículos ya en circulación.

Comparativa con la situación en España

En España, el sistema de tributación para los coches de empresa eléctrico difiere del alemán, aunque responde a principios similares. Cuando una empresa cede un vehículo para uso privado, la norma general establece que la retribución en especie se valora en el 20% anual del coste del vehículo. Sin embargo, si el coche es eléctrico o híbrido enchufable, este porcentaje se reduce significativamente hasta aproximadamente el 14% después del ajuste.

A pesar de ser menos agresivo que el sistema alemán, el marco fiscal español sigue incentivando la adopción de vehículos eléctricos de empresa. No obstante, el problema de la depreciación afecta igualmente a España. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los vehículos eléctricos españoles experimentan pérdidas de valor comparables a las alemanas, lo que sugiere que cualquier empresa que adopte un modelo de propiedad directa enfrentará desafíos económicos similares.

¿Por qué no todos cambian al renting?

Una pregunta lógica surge ante esta situación: ¿por qué grandes corporaciones como Schwarz no simplemente adoptan el renting o leasing para sus flotas de coches de empresa, transfiriendo el riesgo de depreciación a terceros? La respuesta es compleja. Aunque la mayoría de grandes empresas europeas han migrado hacia estos modelos de financiación flexible, algunas corporaciones alemanas de primer nivel, como la estatal Deutsche Bahn, mantienen sus propias flotas en propiedad. Deutsche Bahn continúa absorbiendo las pérdidas derivadas de la devaluación de sus vehículos eléctricos usados.

Para Lidl, aparentemente, las ventajas del modelo de propiedad directa en otras áreas superaban los inconvenientes de la depreciación de combustibles tradicionales. Sin embargo, la rapidez y magnitud de la pérdida de valor en los eléctricos ha modificado este equilibrio, obligando a una retirada temporal de estas compras.

Perspectivas futuras del mercado

La decisión de Lidl refleja una realidad incómoda: los incentivos fiscales por sí solos no pueden compensar una depreciación tan acelerada. Mientras los fabricantes continúan aumentando su capacidad de producción y más competidores ingresan al mercado, es probable que la presión sobre los precios de los vehículos eléctricos usados continúe. El grupo Schwarz ha decidido pausar sus compras de coches eléctricos de empresa hasta que el mercado se estabilice y las pérdidas de valor se modernicen. Esta decisión corporativa podría presagiar cambios en las políticas de flotillas de otras grandes empresas europeas.

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