Dinamarca abandona Collabora: fracaso de alternativa a Microsoft Office
Descubre cómo Dinamarca intentó reemplazar Microsoft Office con Collabora para lograr soberanía digital, pero el proyecto fracasó por incompatibilidades técnicas.

El ambicioso proyecto de soberanía digital en Dinamarca
Reemplazar Microsoft Office por una alternativa open source no es una tarea trivial. Cuando una administración pública decide abandonar las herramientas de Microsoft Office, enfrenta desafíos que van mucho más allá de encontrar un programa que cumpla funciones similares. Se trata de romper con décadas de dependencia tecnológica, cambiar hábitos de trabajo y garantizar compatibilidad total con los procesos existentes. En junio de 2025, Dinamarca intentó dar ese paso con un ambicioso proyecto piloto que prometía transformar la forma en que sus empleados públicos trabajaban con documentos digitales.
La iniciativa surgió de una preocupación política legítima: la dependencia excesiva de grandes corporaciones estadounidenses en la infraestructura digital del Estado. El entonces Ministerio de Digitalización danés buscaba demostrar que era posible mantener la productividad utilizando soluciones basadas en código abierto, reduciendo así la vulnerabilidad a cambios de políticas comerciales y asegurando mayor control sobre los datos públicos. Caroline Stage, ministra de Digitalización en ese momento, fue clara en su visión: reducir la dependencia de Microsoft Office y explorar alternativas que brindaran al sector público mayor libertad de elección tecnológica.
Collabora: la alternativa open source elegida
La alternativa seleccionada fue Collabora, una suite ofimática de código abierto basada en LibreOffice. Este software ofrece funcionalidades completas para la creación de documentos, hojas de cálculo y presentaciones, con soporte para los formatos estándar de Microsoft. En teoría, Collabora debería proporcionar una transición fluida sin sacrificar funcionalidad. El proyecto se estructuró alrededor de 38 empleados del ministerio que comenzaron a utilizar un módulo de edición de documentos integrado en F2, la plataforma de gestión de expedientes desarrollada por la empresa cBrain.
El objetivo era verificar si los trabajadores públicos podían continuar utilizando sus plantillas habituales, mantener el formato de los documentos al convertirlos entre sistemas y emplear herramientas de revisión sin alterar los procedimientos de trabajo consolidados. Los planificadores esperaban una migración sin grandes inconvenientes, donde los empleados simplemente cambiarían de herramienta pero seguirían realizando sus tareas de la misma manera.
Los obstáculos técnicos que paralizaron el experimento
La realidad resultó mucho más compleja que las predicciones iniciales. Según documentos internos obtenidos por el medio danés Ingeniøren y reportados posteriormente por medios especializados en tecnología, los participantes en el proyecto comenzaron a reportar dificultades significativas con los estilos y formatos de archivos. Una de las plantillas utilizadas en el ministerio empleaba la tipografía Georgia, que no estaba disponible inicialmente en Collabora, generando incompatibilidades visuales.
Los problemas se multiplicaron: letras que aparecían en negrita de forma inesperada, saltos de línea imprevistos, documentos que se abrían completamente en blanco y errores en la conversión de formatos. Aunque individualmente podrían parecer incidencias menores, en el contexto del trabajo administrativo diario resultaban críticas. Un empleado que debe corregir un informe importante o coordinar un expediente con colegas no puede permitirse perder tiempo solventando problemas de formato o lidiar con documentos dañados. Estos problemas técnicos minaron la confianza en la alternativa open source.
La discontinuación del proyecto piloto
A pesar de los obstáculos iniciales, el personal involucrado continuó trabajando con Collabora durante parte de 2026. Sin embargo, el contexto político cambió significativamente. El proceso electoral danés y los cambios administrativos que le sucedieron coincidieron con la determinación de continuar con el experimento. Finalmente, el ministerio decidió interrumpir el uso de Collabora, y hasta la fecha no existe ningún plan oficial para retomar el proyecto.
Lo que debería haber dejado un legado valioso de experiencias y aprendizajes terminó en una evaluación pendiente. Estaba previsto que en octubre de 2025 se realizara una revisión exhaustiva del proyecto, pero según confirmó posteriormente un portavoz del ministerio, esta evaluación nunca se llevó a cabo. La documentación que podría haber ayudado a futuras administraciones a comprender qué funcionó y qué falló en la transición a software libre simplemente no fue completada.
Dinamarca mantiene el compromiso con tecnologías abiertas
A pesar del fracaso del proyecto de Collabora, Dinamarca no ha abandonado su apuesta por el software de código abierto. Desde diciembre de 2025, la Autoridad de Seguridad Vial participa en SIA Open, una iniciativa distinta impulsada por Statens IT que busca crear un entorno de trabajo completo basado en tecnologías abiertas. Aunque en octubre de 2026 participaban menos de diez empleados en este nuevo proyecto, existen planes para expandir gradualmente la experiencia.
La Agencia de Gobierno Digital danesa ha señalado que se han asignado 80 millones de coronas danesas para un ambicioso plan de soberanía digital que se desarrollará entre 2026 y 2029. Esta inversión representa un compromiso a largo plazo con la independencia tecnológica, independientemente de los reveses puntuales como el del proyecto de Collabora.
Lecciones sobre la migración de software en administraciones públicas
El episodio danés ilustra una realidad a menudo subestimada en los debates sobre soberanía digital: no basta con que un software sea técnicamente capaz o que esté basado en código abierto. La verdadera prueba de cualquier herramienta se produce cuando miles de trabajadores la utilizan cada día, integrándola con sus flujos de trabajo existentes, sus plantillas heredadas y sus procesos consolidados durante años. Los detalles técnicos que parecen insignificantes en una demostración pueden convertirse en obstáculos paralizantes en la operación diaria.
Aunque el proyecto específico de Collabora no prosperó, ha dejado valiosas lecciones sobre cómo abordar futuras migraciones tecnológicas en el sector público. Dinamarca demuestra que la voluntad política de cambio y la disponibilidad de recursos son necesarios, pero insuficientes sin la madurez técnica de las herramientas alternativas y sin un proceso de evaluación riguroso que documente tanto los éxitos como los fracasos.